Antes de recibir el “sí” de CaribeConf, recibí varios “no”.
Postulé a distintas conferencias: JSConf en México, 9.5 en el sur de Chile, Nerdearla en Chile y Argentina, entre otras. En la mayoría de los casos, la respuesta no fue la que esperaba. De hecho, hasta hoy, esta ha sido mi única charla aceptada.
Y aun así, mirando hacia atrás, entiendo que esos rechazos también construyeron parte del camino.
Porque postular a una conferencia no es solo enviar una propuesta y esperar suerte. Es aprender a ordenar una idea, entender qué puede aportar a una comunidad, ajustar el mensaje, recibir silencio o una negativa, y volver a intentarlo.
Los primeros pasos que construyeron mi camino
Antes de pensar en una conferencia internacional, mi primera experiencia exponiendo frente a otras personas fue en 2019, con un taller de React y Redux avanzado para estudiantes de Laboratoria en Chile.
Ese fue mi primer acercamiento real a explicar tecnología en voz alta, ordenar conceptos para otros y enfrentar esa mezcla de nervios, responsabilidad y entusiasmo que aparece cuando alguien está esperando aprender algo de ti.
Después vino mi participación como ayudante en JSConf Chile.
Y ahí pasó algo importante.
Al ver de cerca el trabajo de la comunidad, las charlas, los speakers, la energía del evento y todo lo que ocurría detrás del escenario, pensé: “algún día quiero estar ahí”.
No como una ambición vacía, sino como una forma de aportar desde mi experiencia, de compartir lo que he aprendido y de ser parte activa de una comunidad que me había inspirado.
Con el tiempo entendí que ese deseo no se construye solo enviando una postulación. Se construye dando talleres en espacios más cercanos, ayudando en eventos, conversando con otras personas, aprendiendo a contar mejor una idea y atreviéndose a intentarlo incluso cuando todavía no te sientes completamente listo.
Preparar una charla es ordenar una experiencia
Cuando llegó la aceptación para CaribeConf, apareció una mezcla rara de alegría, entusiasmo y miedo.
La charla sería sobre Microfrontends, un tema del que ya se ha hablado bastante, pero que sigue teniendo muchas capas cuando se mira desde la experiencia real: decisiones de arquitectura, autonomía de equipos, coordinación, límites, deuda técnica y escalabilidad.
Mi desafío no era solo explicar el concepto. Era construir una narrativa que tuviera sentido para quienes estaban escuchando.
Preparar una charla técnica no es juntar slides con definiciones. Es decidir qué experiencia vale la pena compartir, qué errores pueden servirle a otros y qué ideas necesitan quedarse en la cabeza de la audiencia después de salir de la sala.
Y en medio de esa preparación aparecieron las dudas:
- ¿Será suficientemente claro?
- ¿Será relevante para el público?
- ¿Estoy aportando algo nuevo?
- ¿Voy a lograr transmitir bien la idea?
La preparación fue técnica, pero también fue emocional. Porque exponerse frente a una audiencia implica aceptar que no todo está bajo control.
Subirse al escenario con miedo
Además de la charla, estaba todo lo demás: el viaje, la logística, la llegada a Barranquilla, la organización del tiempo y esa sensación constante de estar haciendo algo importante por primera vez.
El nerviosismo estuvo presente desde antes de subirme al avión.
El día de la presentación, ese nerviosismo subió todavía más. Me tocaba hablar después del almuerzo, un horario donde la atención del público puede ser difícil de sostener. No sabía si las personas estarían conectadas, cansadas, distraídas o realmente interesadas.
Pero una vez arriba del escenario, algo cambió.
De a poco dejé de pensar solo en las slides y empecé a leer la sala. A mirar las reacciones. A moverme. A intentar conectar.
Ahí entendí algo que parece simple, pero que cambia la forma de vivir una charla: una presentación no se entrega, se conversa.
No se trata solo de decir lo que preparaste. Se trata de construir un momento con quienes están ahí, de ajustar el ritmo, de pausar, de mirar, de notar si la idea está llegando.
Cuando terminé, volvieron otras dudas:
- ¿Se entendió bien el mensaje?
- ¿Hablé demasiado rápido?
- ¿Logré transmitir lo que quería?
- ¿La audiencia se llevó algo útil?
Creo que esa incertidumbre también es parte del proceso. Tal vez nunca terminamos una charla completamente seguros. Pero sí podemos terminar con la sensación de haberlo intentado con honestidad.
Lo que me llevo de CaribeConf
CaribeConf fue una experiencia muy especial.
No solo por haber sido mi primera charla internacional, sino por la calidez del evento, la hospitalidad en Barranquilla y la sensación de comunidad que se vivía en cada conversación.
Me quedo con mucha gratitud hacia la organización, hacia las personas que hicieron posible el evento y hacia quienes se dieron el tiempo de escuchar, conversar y compartir sus impresiones.
Pero también me quedo con un aprendizaje más profundo: construir una voz técnica no ocurre de un día para otro.
- Se construye postulando.
- Se construye recibiendo rechazos.
- Se construye preparando una idea con cuidado.
- Se construye conversando con otros.
- Se construye subiéndose al escenario incluso cuando todavía hay miedo.
La confianza no siempre llega antes de exponerse. A veces aparece después.
Esta fue mi primera charla internacional, pero espero que no sea la última. No porque ahora tenga todas las respuestas, sino porque entendí que compartir conocimiento también es una forma de seguir aprendiendo.
Porque quizás muchas ideas valiosas no necesitan esperar a que nos sintamos completamente listos.
A veces solo necesitan que nos atrevamos a contarlas.
Una imagen que resume muy bien lo que me llevo de esta experiencia: comunidad, aprendizaje y nuevas conversaciones.
