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La IA no reemplaza tu experiencia. La pone a prueba

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Hace unos meses, durante una entrevista para entrar a una nueva compañía en Chile, me hicieron una pregunta que en ese momento parecía una más dentro del proceso:

“¿Qué opinas sobre la inteligencia artificial?”

No recuerdo exactamente qué respondí palabra por palabra, pero con el tiempo entendí que esa pregunta no buscaba medir si conocía la última herramienta de moda, ni si sabía usar bien un prompt.

En realidad, apuntaba a algo mucho más importante: cómo estaba entendiendo el cambio.

Cuando usar IA no significa trabajar mejor

Meses después, esa pregunta empezó a tomar mucho más sentido.

En mi equipo ya veníamos utilizando IA y trabajando con ideas cercanas al desarrollo basado en especificaciones, pero todavía no existía una forma común de hacerlo. Cada persona tenía su propio método, su propio flujo, sus propias reglas y su propia manera de integrar estas herramientas al desarrollo diario.

Eso no estaba mal. De hecho, era una señal positiva: había interés, exploración y ganas de mejorar.

Pero también había un problema evidente: cuando cada persona usa la IA de una forma distinta, el equipo no necesariamente se vuelve más rápido. A veces solo se vuelve más difícil de alinear.

Después de mucho estudio, tutoriales, pruebas, errores y bastante lectura, logré armar un framework interno de SDD, o spec-driven development, para que el equipo pudiera trabajar con una estructura más clara. La idea no era imponer una forma rígida de desarrollar, sino ordenar lo que ya estaba ocurriendo y convertirlo en una práctica más consistente, reutilizable y escalable.

Y como es de esperar, no salió perfecto a la primera.

Hemos iterado el framework varias veces, agregado mejoras, corregido errores y ajustado la forma en que lo usamos. Dentro de unos días, además, tendré la oportunidad de realizar un workshop interno para que otros equipos puedan conocerlo e integrarlo a su propio día a día.

La IA no soluciona el desorden. Lo amplifica.

  • Si tienes un problema mal definido, la IA puede ayudarte a avanzar más rápido hacia una mala solución.
  • Si tienes criterios poco claros, puede generar más ruido que valor.
  • Si no entiendes el negocio, puedes terminar automatizando respuestas que técnicamente funcionan, pero que no resuelven nada relevante.

Por eso creo que el verdadero desafío no está en usar IA. El desafío está en saber dirigirla.

La pregunta incómoda: ¿sigue importando la experiencia?

He visto personas muy entusiasmadas con integrar IA en su trabajo diario. También he visto personas más escépticas, incluso algunas que directamente prefieren mantenerse al margen. Y lo entiendo. La velocidad con la que está cambiando nuestro trabajo puede generar incomodidad.

Porque, en el fondo, la pregunta que aparece no siempre se dice en voz alta:

¿Cómo nos mantenemos relevantes cuando una herramienta puede hacer en minutos algo que antes nos tomaba horas o días?

Como desarrollador, esa pregunta también me ha hecho ruido. Durante años construimos valor desde la experiencia técnica: saber programar, diseñar arquitecturas, resolver problemas complejos, entender patrones, optimizar procesos, anticipar errores. Pero hoy muchas de esas tareas empiezan a ser asistidas, aceleradas o parcialmente automatizadas por IA.

Entonces aparece la duda incómoda: ¿Sigue importando la experiencia?

La experiencia sigue importando, pero de otra forma

Mi respuesta hoy es que sí. Pero no de la misma forma.

La experiencia ya no vale solo por la cantidad de código que eres capaz de escribir. Vale por tu capacidad de entender qué problema merece ser resuelto, qué solución tiene sentido, qué riesgos estás aceptando y qué impacto tendrá esa decisión en el equipo, el producto y el negocio.

La IA puede ayudarte a escribir una función. Pero no sabe, por sí sola, si esa función realmente debería existir.

Puede proponerte una arquitectura. Pero no conoce las tensiones internas de tu organización.

Puede generar documentación. Pero no entiende automáticamente qué necesita saber tu equipo para tomar mejores decisiones.

Puede acelerar un sprint. Pero no reemplaza la claridad, el criterio ni la responsabilidad técnica.

El nuevo valor del liderazgo técnico

Ahí es donde, para mí, aparece el verdadero valor de un perfil senior o de liderazgo técnico en esta nueva etapa.

No se trata de competir con la IA. Se trata de aprender a trabajar con ella desde el criterio.

Porque el senior del futuro no será necesariamente quien más código escriba, sino quien mejor sepa formular problemas, entregar contexto, validar decisiones, guiar al equipo y conectar la tecnología con el negocio.

En mi caso, implementar SDD con apoyo de IA me hizo ver que el valor no estaba únicamente en usar una herramienta nueva. El valor estaba en diseñar una forma de trabajo que ayudara al equipo a pensar mejor antes de construir. Y eso cambia completamente la conversación.

La IA puede acelerar la ejecución, pero alguien tiene que definir la dirección. Puede generar alternativas, pero alguien tiene que evaluar cuál tiene sentido. Puede producir código, pero alguien tiene que hacerse responsable de la decisión.

Lo que realmente queda a prueba

Por eso ya no veo la IA como una amenaza directa a mi rol, sino como una herramienta que obliga a elevar el estándar.

Nos obliga a ser más claros. Más estratégicos. Más conscientes del negocio. Más rigurosos con las decisiones técnicas. Y, sobre todo, más humanos en la forma de liderar el cambio.

La IA no reemplaza tu experiencia. La pone a prueba.

Y quizás esa sea justamente la oportunidad: dejar de medir nuestro valor solo por lo que sabemos hacer con las manos sobre el teclado, y empezar a medirlo también por nuestra capacidad de pensar, guiar, decidir y construir mejores formas de trabajar.

¿Crees que la IA está reemplazando experiencia, o simplemente está dejando más en evidencia dónde realmente existe criterio?